El Rol de Cuidadora: Un Aprendizaje Invaluable
Mi nombre es Aline Alatorre Mejía, tengo 30 años de edad, soy comunicóloga y actualmente ejerzo como Community Manager.
Pero hoy no quiero hablarles sobre mi trabajo profesional, si no quiero contarles sobre uno de los trabajos más complicados que he tenido.
Fui cuidadora de mi abuelita materna, una mujer fuerte de 71 años de edad que, aunque aún puede valerse por sí misma, sufrió de varios accidentes en su trabajo y, si bien no la dejaron postrada en cama, le impiden realizar tareas pesadas sin sufrir dolor extremo, pues tiene fracturas mal sanadas en los hombros y un esguince de tercer grado en el pie.
Yo viví sola con ella durante más de diez años en un edificio de tres pisos en la Ciudad de México, tiempo en el cual ella ya padecía de ciertos dolores. Al ser yo una mujer joven y ser ambas nuestra única compañía (pues nuestras familias vivían lejos de nosotras) me tocó desempeñar un rol mucho más activo en casa.
La limpieza del hogar dependía de mi en un 90%, cargar objetos pesados era mi responsabilidad. Aunque ella preparaba los alimentos también, era una tarea que nos dividíamos entre las dos, al sentirse mal, mareada, o con dolores insoportables que le paralizaban los hombros o el pie durante días, prefiriendo así darle tiempo para descansar y encargarme yo de las cosas.
Por esta razón, decidía llegar a casa temprano, o evitar salir durante mucho rato, en caso de que ella se sintiera mal, pues había días enteros en los que le costaba salir de la cama. Siempre optamos porque ella durmiera y descansara y yo me hiciera cargo de la casa, la limpieza, la comida.
Cuidar de ella no era algo que me pesara, la mayor parte del tiempo, pero al ser una mujer joven, sin esposo o hijos, a veces era frustrante pues, a pesar de ser independiente, a veces tenía que seguir sus reglas o se preocupaba mucho por mí y, como mencioné antes, prefería estar en casa y cuidar de ella y no tener el pendiente de su salud.
Pero sin duda los años que viví con ella me enseñaron mucho; administraba su dinero para que evitara gastarlo a manos llenas, lo cual me enseñó a mi a mantener un hogar en todas las formas posibles; financieramente, la limpieza, la cocina, plomería, electricidad; ocupar un taladro, pintar la casa, cuidar de las plantas, el uso de medicamentos. Me enseñó a ser un adulto funcional completo y, gracias a ello, viviendo sola, uso todos los conocimientos que aprendí estando a su cuidado.
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